Miranda León /Edit. Thais Contreras

Con el inicio del año escolar se hace necesario girar la mirada a situaciones que marcan este periodo en los diferentes niveles del proceso educativo en Venezuela. Temas como el abandono de docentes y la deserción de estudiantes; el deterioro en general de las condiciones: infraestructura, traslados, alimentación, entre otros que atentan contra el derecho a la educación.

Es un momento en que la mirada suele centrarse en los que se consideran los más vulnerables: los niños y adolescentes. Sin embargo, hay un número importantes de jóvenes en edad universitaria que tienen una vivencia, un desafío y problemáticas propias de su realidad. Sus testimonios nos aportan valiosas reflexiones para los desafíos que implica ser estudiantes universitarios en estos momentos en nuestro país. Queremos compartir el testimonio y reflexiones de una de ellos.

“Soy estudiante de 5to semestre de Psicología y tengo 19 años. Estudio en una universidad privada. Pero, hey, vivo la misma realidad que tú. Bueno, bueno, no la misma, pero se parecerá en alguna parte, te lo aseguro. Comencé a estudiar mi carrera con un sueño: poder graduarme y ser de las mejores en mi profesión. Pero, a medida que han pasado estos 2 años, me he dado cuenta que ese futuro que tanto añoro no está tan claro. Más bien, lo veo borroso, incluso nublado. Me imagino que te preguntarás por qué.

Bueno, todo comienza en el primer semestre. Llego yo con mucho entusiasmo y emoción a mi primer día de clases, con un poco de estrés y ansiedad porque no conocía a nadie, ni los salones ni cómo funcionaba todo en la universidad. Además, ¡no tenía mi horario! No pude verlo en la página porque al inscribirme tenía muchos nervios y bloqueé mi servidor. Esas eran mis mayores preocupaciones. A medida que avanzó el semestre me di cuenta que mis preocupaciones eran entregas, exámenes, exposiciones y demás. Ahora llegaremos a la parte interesante. En un principio, mi familia pudo ahorrar el dinero para pagar el semestre (por lo cual siento una enorme gratitud). Sin embargo, la inflación nos dio un golpe tremendo, lo cual hizo que el costo de la universidad aumentara exponencialmente. Allí comencé a preocuparme, no tanto por el semestre que cursaba, sino por los que venían. Y bueno, empecé a pedir ayuda. Por unos contactos conseguí una beca que me ha salvado la vida. Gracias a esta sigo en la universidad, a medio camino de cumplir mi sueño. Sin embargo, no todas las personas que conozco lo han podido continuar.

Mi carrera tiene alto índice de migración. En un principio, yo pensé que dicho índice se debía al nivel de dificultad y exigencia de la carrera; pero, a medida que han transcurrido los semestres, me he dado cuenta que esta no es la única razón. Los elevados costos han provocado que una gran población de estudiantes de universidades privadas tengan que trabajar al mismo tiempo que estudian, inscribir menor número de materias, o (la peor de todas las opciones anteriores) tener que retirarse. Aja, te preguntarás ¿en qué me afecta eso a mí? Bueno, digamos que tengo una facilidad para establecer relaciones sociales; en castellano eso significa que tengo facilidades para hacer amigos, o como dirían muchos “hablo mucho y le caigo bien a la gente”. He conocido a muchas personas increíbles a lo largo de estos semestres que llevo estudiando. He establecido relaciones amistosas muy fuertes y que aprecio muchísimo. Muchas de estas maravillosas personas no podrán continuar los próximos semestres  porque no pueden reunir el dinero suficiente para pagarlo. De hecho, una de mis amigas más cercanas tuvo que trabajar en 3 lugares distintos, y aun así, no logró reunir lo suficiente para continuar. Otro de mis amigos se fue del país, porque sacó la cuenta con su familia y se dieron cuenta que era más factible estudiar afuera que aquí. Cuando pienso en estas situaciones, egoístamente pienso en mí, en qué sería de mí si algo de esto me llegara a pasar; si un día debo agarrar mis maletas y salir corriendo, sin carrera, sin familia, sin amigos, solo yo y mis ganas de construir el futuro que una vez imaginé.

Como estudiante universitaria me da un dolor terrible tener que despedir a muchas de esas personas que no pueden continuar estudiando; pero como joven, me da un dolor terrible en el pecho saber que estas no podrán continuar con sus sueños. Me da impotencia, ansiedad, tristeza, enojo (pudiera nombrar cientos de sentimientos pero no terminaría nunca y te aburrirías), el saber que yo no puedo hacer nada para cambiar sus situaciones. No hay manera en la que yo pueda ayudar, porque como comenté en un inicio, sin esa beca yo no estaría escribiendo esto desde este punto de vista. Más bien, este sería un texto lleno de desaliento y dolor.

Sé que tal vez se haya vuelto un poco deprimente lo que estás leyendo, pero te apuesto que alguna vez te has sentido así. Como con ganas de salir corriendo, de dormir y despertar en un país diferente, donde ves a tus amigos (ya sea de la infancia o de la vida) y a tus familiares cara a cara y no por una foto o por video llamada. Pero ahora, lo importante es enfocarnos en lo que tenemos y no en lo que pudimos haber tenido. Como dice el dicho “no hay mal que por bien no venga”. Creo que esta situación deprimente nos ha ayudado a madurar en muchos aspectos, así como a apreciar más las cosas. Te das cuenta que no todo es tan malo como parece, que si le buscas la vuelta las cosas se pueden solucionar. Empiezas a apreciar más a las personas. Obvio te sientes triste por las que se te fueron, pero haces lo posible por mantenerte cerca de las que tienes cerquita.  Lo que quiero buscar con este escrito es que no todo está perdido: en la vida hay altos y bajos, lo importante no es la caída, sino cómo te levantas para volver a subir. Si te sientes triste, haz ejercicio, lee un libro, o escribe algo así como lo que yo hago. Pero nunca, nunca dejes que lo malo te venza”.

¿Te interesa intercambiar sobre este u otros temas de la realidad juvenil?

Comunícate con EFIP a través del correo efip@efip.org .ve o efipvenezuela@gmail.com  y nos escribes tus datos e intereses principales.

También puedes seguirnos en nuestras redes sociales,  enviar un SMS al 0414.032.8074 y visitarnos en nuestra sede en Caracas en el sector de Artigas.